Al cumplirse el centenario del fallecimiento del artista italiano Amedeo Modigliani (1884-1920) , el museo de Bellas Artes presenta por primera vez en México una amplia selección de su obra pictórica.

De origen italiano, Amedeo Modigliani es  una de las grandes personalidades de la pintura de principios del siglo XX. Se sabe poco del trabajo que realizó antes de llegar a París en 1906. Aunque se mantuvo a cierta distancia de las vanguardias, las conoció y no fue, ni mucho menos, ajeno a ellas. Cuando se estableció en París, pese a su juventud, era ya un artista formado. Tanto en escultura como en pintura, se consagro en la mayoría de las veces  a la figura humana. Sus  paisajes son escasos y no pinto naturaleza muerta.

Hay que hablar, de los ojos de sus modelos, de la tendencia a neutralizar la fuerza de su mirada borrándola o anulándola. Así subrayaba el ensimismamiento o la vida interior de las figuras representadas, la mayoría de las veces aisladas. Ese recurso ya se había cultivado en el retrato de tradición romántica, que osciló entre dos tendencias: la de realzar frontalmente la mirada o la de cegarla, dos vías distintas para mostrar una misma creencia, que los ojos son la vía de escape del alma.

Los rostros melancólicos de Modigliani hablan del desdoblamiento de lo interior y lo exterior, de la dicotomía cuerpo-alma. Esas caras ensimismadas, que se miran hacia adentro, son el contrapunto del artista a los serenos desnudos, de sensuales ritmos ondulatorios.

En el micrositio El París de Modigliani y sus contemporáneos es posible encontrar diversos materiales audiovisuales y textos especializados sobre su obra y otros artistas de la Escuela de París, como Chaïm Soutine, Moïse Kisling, Maurice Utrillo, Suzanne Valadon y André Derain. También se ofrecen contenidos acerca de la relación que Modigliani tuvo con artistas mexicanos, como Diego Rivera, Ángel Zárraga y Benjamín Coria, entre otros temas desarrollados en sus diferentes secciones.

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